Paso 1: Tómese una persona en adecuadas condiciones de higiene, idealmente recién bañada y con desodorante. En segundo término, diríjase al placard donde se encuentran, prolijamente dobladas, las susodichas prendas de vestir, idealmente en dos pilitas: las escocesas, y las lisas. Nótese que a) las de jean van colgadas y, b) en el mundo de las camisas, raya finita equivale a lisa. Una vez identificado el estante correspondiente (idem cajón), proceda a separar todas las camisas que hayan sido compradas en los últimos cinco años. Descarte. Se trata de prendas modelo SLIM FIT que marcan la panza de manera vergonzosa y resultan de variadas instancias de distorsión perceptiva, propia y de la madre del sujeto en cuestión.
Paso 2: Acto seguido, proceda a desabrochas los dos botones superiores, y pasando los brazos en primer lugar hasta el fondo, introducir la cabeza por el agujero inferior de la camisa hasta emerger por el cuello. Superado este paso, se debe notar que los botones de ambos puños se encuentran abrochados, producto del exceso de celo invertido en el proceso de planchado (ver instrucciones para planchar una camisa). Esta contingencia será evidente al notar que las manos no salen por el agujero del puño, como se había previsto en el punto anterior. En este momento se debe rajar una puteada a gusto del usuario. La prudencia es esencial para el hombre elegante. Acto seguido, sacarse la camisa y proceder a desabrochar ambos puños, incluyendo los botoncitos chiquitos que están debajo de los puños, que a falta de una denominación más precisa denominaremos los “botones chiquitos de abajo del puño”.
Paso 3: Repetir el procedimiento detallado en Paso 2 hasta que tanto brazos como cabeza hayan traspuesto las correspondientes aberturas. Una vez verificado el éxito de este procedimiento (por ejemplo, constatando que sea la cabeza propia la que se refleja en el espejo), se procede a arreglar el pelo que quedó despeinado en el trayecto capilar hasta el cuello de la prenda. En esta instancia se debe verificar si la camisa en cuestión tiene los dos “botoncitos chiquitos del cuello”. No confundir con los “botones chiquitos de abajo del puño”. En caso afirmativo, descartar la camisa y volver a Paso 1 con otra camisa sin esos botoncitos horribles. En caso de ser desarrollador de software, analista de marketing digital o ingeniero electrónico, los botones chiquitos del cuello pueden ser aceptables, aunque solamente en un ámbito profesional, y descartando cualquier intencionalidad romántica en el corto plazo.
Paso 4: Una vez alcanzados los objetivos establecidos en 1 a 3, proceder a desabrochar, precautoriamente, todos los botones del frente. El objetivo de esta aparentemente exagerada precaución es evitar el arrugamiento de la camisa al momento de atar los zapatos. Cumplido este requisito, re-abrochar y proceder a poner la camisa dentro del pantalón, lo cual debe hacerse prolijamente, abriendo el cinturón y desabrochando el pantalón. Eso de empujar para abajo la camisa con los dedos no es de hombre elegante. Es costumbre británica utilizar el elástico del calzoncillo para fortalecer la permanencia de la camisa dentro del pantalón. Recomendamos enfáticamente la incorporación de esta práctica en las rutinas de vestimenta de nuestros seguidores.
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