Tené cuidado de la gente que dice gracias demasiadas veces, o demasiado efusivamente. De la gente que da demasiadas vueltas para pedirte algo simple. De la gente que exagera los modales o la caballerosidad, no es tan importante quién sale primero del ascensor, o si alguien de un primer bocado antes que todos estén sentados a la mesa. De la gente que dice buen provecho. De la gente que te hace brindar antes de tomar el primer trago de vino. De la gente que habla del vino que te vas a tomar.
Tene cuidado de la gente que siempre tiene la misma explicación para todas las cosas. De la gente que pasan los años pero no cambian de ideas, preferí toda la vida a los que cambian de idea asiduamente, es seguro que son más sinceros con ellos mismos. De los que creen en conspiraciones, de los que no creen nada. De la gente que luce muy segura de lo que piensa. Y en especial, tené mucho, pero mucho cuidado de la gente que habla de lo que no entiende como si supiera. Tené cuidado de la gente que habla muy alto. De la gente que habla demasiado de la otra gente y de las frases que arrancan con “no se lo digas a nadie”.
Tene cuidado de la gente que lava el auto muy seguido y de la gente que siempre tiene zapatillas nuevas. De la gente que solo usa ropa de marca, o que le importa que veas la marca de la ropa que usa. De la gente que sabe qué es lo que está de moda. De la gente que hace cosas porque están de moda. Del pelo demasiado arreglado, los zapatos demasiado lustrados, los abdominales demasiado marcados.
De la gente que no sabe lo que quiere. Tené cuidado también de la gente que no tiene paciencia, porque ahí arranca el camino a la violencia. De la gente que no sonrìe a los bebes y a los perros. Tené cuidado de la gente que no prueba cosas nuevas, que no experimenta. De la gente que va siempre de vacaciones al mismo lugar. De la gente que no se sorprende, y más aún de la gente que esconde su sorpresa.
De aquella gente de la que podès acordarte, exactamente, en qué momento te hiciste amigo. Los amigos no se hacen de un momento a otro. Tené cuidado de la gente que pasa demasiado rápido a tratarte con familiaridad. De los que no superan el rencor, de los que no perdonan, de los que no superan, de los que no olvidan.
Tene cuidado de la gente que no lee, pero más todavía de la gente que lee y se ocupa de que sepas qué es lo que lee. De la gente que expone su intimidad por facebook. De twitter, directamente escapá.
Tene cuidado de la gente que vive fuera de su realidad, del que vive más allá de sus medios, y del que vive forzadamente por debajo de los suyos. De la cigarra y de la hormiga. Del joven que vive como viejo, y, por supuesto, del viejo que vive como joven.
Tene mucho cuidado de la gente que siempre tiene miedo, y en especial cuando creen que ese miedo los hace mejores que vos. Alejate de la gente que se cree mejor de otra gente. De los pesimistas crónicos. De los que nunca están a favor de nada, de los que no se comprometen. De los que generalizan, de los que sobre-simplifican. De los que usan la desgracia ajena como argumento. De los que no saben dar explicaciones.
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