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Soñábamos Juntos

Soñábamos Juntos

Mi relación con Nacho estuvo marcada por los vaivenes de nuestros sueños juntos... Pensarás...me imagino...esta mujer se volvió loca…qué es esto de soñar juntos. Es cierto, es complicado y si te parece raro, te re-entiendo. Me explico: osea, imagínate, vos, así despierta, como ahora conmigo: me ves, te veo, te hablo, me escuchas, el mozo trae el campari; compartimos el tiempo y la realidad… bueno, soñar juntos es lo mismo, pero durmiendo, y soñando con una intensidad y una claridad especial, inusual.

Al principio fue raro y nos llevó bastante tiempo darnos cuenta con precisión qué era lo que nos estaba pasando, porque una mujer en general no habla de lo que sueña, y menos con Nacho, que es así como muy serio. Yo pensaba, de hecho, que si le decía, iba a quedar como una boluda. Pero al mismo tiempo, sabelo, cuando una empieza a convivir con un tipo, tiene que desarrollar la habilidad para encontrar temas de conversación, porque si no el aburrimiento te sepulta, a vos y a la pareja. Así que lo fuimos descubriendo de a poco, y por casualidad.

Primero nos habrá sorprendido alguna coincidencia banal:
  • ayer soñé con vacas, cientos de vacas
  • mmm, ahora que lo decís, me parece que yo también!!
o
  • Anoche soñé que pinchaba una rueda
  • uh, con lo que llovía!...
  • Cómo sabes que llovía en mi sueño?...

Un poco alarmados por estas coincidencias empezamos a compartir nuestros sueños todos los días, durante el desayuno. No coincidiamos siempre, obvio.
  • Anoche soñé con mi maestra de quinto grado, que era repositora en el Coto. Sacaba paquetes de mostacholes Mamá Luchetti de una caja sin fin, nunca se acababan, y ella se enojaba y me gritaba.
  • Yo manejaba el Micro de de Boca en la final con el Real Madrid, tomábamos mate con el Chelo Delgado y el Negro Ibarra.

Pero cuando coincidíamos, era, te imaginarás, sorprendente.
  • Era como que estaba en un subte lleno de gente, pero no llegaba nunca a ningún lado, y me quería bajar, pero eran todo ventanas, no había puertas, y yo le preguntaba a la gente por donde salir....
  • No, no era un subte, era un tren. Ibas pasando de vagón en vagón, pero el tren no terminaba nunca. Ah, y no te contestaban porque era en Turquía y nadie te entendía, o porque en realidad en los sueños no se habla.

En sueños o no, él siempre tenía una explicación. Me gustaba eso de él..

Esas mañanas buscandonos en los sueños del otro eran mágicas, era un juego que nos acercaba de una manera nueva, más íntima... Ojalá alguna vez puedas tener algo así con tu pareja.

La mayor parte de las veces éramos la misma persona en los sueños que compartíamos. A esos los llamamos nuestros Sueños Iguales. Como esa vez que soñamos que salíamos desnudos en Santa Fe y Callao. Bueno, lo que salía era una especie de personaje que éramos nosotros. Volaba, o más bien daba unos saltos largos, y rebotaba en el aire para volver a ganar altura. Él no era él, yo no era yo, éramos otro, pero los dos el mismo. Creo que esos Sueños Juntos eran los que más felices nos ponían.
A veces teníamos Sueños Paralelos. En estos sueños cada uno era cada uno y nos pasaba exactamente lo mismo, osea, cada uno por su cuenta tenía el mismo sueño, pero no nos cruzabamos. Como una vez que soñamos que fuimos a un recital de Calamaro en cancha de Ferro, pero cantaba en inglés.

Algunas veces, las menos, teníamos Sueños Juntos, propiamente dichos. En esos Sueños Juntos cada uno era también sí mismo, pero compartiamos el sueño. Por ejemplo esa vez que nos soñamos en una fiesta, y resultó que era la fiesta donde se casó un compañero de colegio de él con mi prima Clarita de Arrecifes, te acordás?. Bailamos, cenamos y estuvimos cuando la ambulancia se tuvo que llevar a la la madrina del pedo que tenía. Esos Sueños Juntos, a veces se coordinaban de maneras más rebuscadas. Por ejemplo, me acuerdo esa vez que soñamos que andábamos por unos cerros, de noche (yo creo que me acordé de una historia sobre OVNIs en Capilla del Monte). Fue un sueño pésimo para mí, la pasé mal, pesadilla. En cambio el flaco feliz, tan es así ahí arrancó con esas ideas de ir en carpa, hacer experiencias se supervivencia, y eso.

A esta altura, mi fascinación por el fenómeno de soñar juntos había llegado a un punto preocupante, obsesivo, digamos. Tenía un cuaderno en el que iba anotando cada uno de los sueños, y todo lo que había pasado ese día. Me pasaba horas buscando correlaciones, regularidades, sacando conclusiones. Pude determinar con bastante exactitud la frecuencia de los sueños, su distribución a lo largo de la semana, y hasta predecir, a veces, cuándo ibamos a tenerlos. Las comidas, por ejemplo. Nunca soñábamos juntos si habíamos cenado pastas; en cambio el asado al horno producía Sueños Juntos con seguridad. Nunca en vacaciones. Si ganaba Boca: Sueños Paralelos casi siempre. Ahora bien, nunca, pero nunca, tuvimos sueños juntos de ningún tipo en noches en las que habíamos hecho el amor. Cada una de esas veces me dormía ilusionada, pero no, en esos casos, nuestros sueños no se conectaban nunca.

Solamente en una vez pude identificar un Sueño Alternado, el verano pasado. El Sueño Alternado es la experiencia más intrigante de todas. El Sueño Alternado es como un Sueño Juntos, pero con las personas cambiadas, es decir, un sueño en el que yo era él y él era yo. Nos soñé en París, tanto como París puede ser París en un sueño. Me veo a mí, desde los ojos de él, subiendo una escalera del subte, tapado negro, stilettos, bufanda ancha turquesa, lentes de sol, como sacada de una de esas películas francesas de los años sesenta, divina, misteriosa, seductora. Te imaginarás su reacción… Bueno, exactamente al revés... seguí (siguió) mirando el caudal de gente que salía de la estación por esa escalera, como quien está esperando a otra persona, mientras yo pasaba caminando al lado suyo, que digo al lado suyo, a través suyo. Nada, una indiferencia lacerante. Yo era él, yo sé que me vio, que me reconoció, pero lo sólo le interesaba seguir mirando, estaba esperando otra cosa, otra persona. Fue un instante (si es que el tiempo vale algo en los sueños) antes que el sueño migrara hacia cualquier otro lado que ya ni me acuerdo.

Ese día no le hice ningún comentario, después de todo, quién es responsable por lo que sueña, y más aún, por lo que sueña otro en su lugar? Creanme que lo entiendo, tampoco soy una desequilibrada hierveconejos. Pero íntimamente ya no pude verlo con los mismos ojos. Para mí siempre iba a estar esperando a otra.

A los pocos días, le preparé un desayuno especial mientras se duchaba. Claro, él se ducha por la mañana. La que se lo banca sucio en la cama a la noche soy yo.
  • Y?? anoche? qué pasó? Le puse onda.
  • Ah, espectacular, no sabés: laberintos, uno tras otro. Laberintos de ligustrina, como el de Los Cocos. Salía siempre, sin problemas. Era una especie de genio de los laberintos, como que estaba adentro, pero también los miraba desde arriba, no sabés.. Vos?
  • No, nada. Nada que me acuerde. (había visto aviones que se caían, pero no tuve ganas de compartirselo).

No te voy a decir que ahí se terminaron nuestros sueños, Iguales, Paralelos, Juntos o Alternados. La cosa siguió, aunque quizá, digo, viéndolo retrospectivamente, con menor frecuencia.

Hasta esa noche que soñamos lo que nunca deberíamos haber soñado. Febrero pasado, no me olvido más, mirá. Una de esas noches que refresca después de un chaparrón y por fin podés dormir profundo, por primera vez en semanas. Esa noche fui Nacho haciendo el amor. Nunca, ninguna mujer debería pasar nunca por la experiencia de sentir lo que siente su hombre estando con otra. No sé quién era, ni siquiera sé si era alguien de verdad, o una simple fantasía de él, y si tengo que ser sincera, ni siquiera estaba buena, ni especialmente alta, ni especialmente flaca, mas bien algo caderona, pero eso sí, una melena pelirroja rabiosa, larga por la mitad de la espalda. Estaban (estábamos) en un piso altísimo, así como de una torre, todo moderno, de primera. En sueños tiene buen gusto, aparentemente. En fin, Nacho parado detrás de ella le iba desabrochando un vestido largo de un rojo cereza, con dedos torpes, como inexpertos, rozándole el cuello apenas con los labios, como queriendo morderla, pero sin animarse. Si yo te pudiera transmitir… Conocí a un hombre diferente al mío, una pareja diferente a la que hacemos nosotros, en la manera de besarse, morderse, arañarse, de mirarse emocionados, de tocarse y vibrar, de respirar al unísono, de abrazarse exhaustos. Toda esa emoción suya que yo sentí mientras lo soñaba, toda esa emoción que yo sé, que no siente conmigo, que nunca sintió conmigo.

Ya nada fue igual. Seguimos juntos unas semanas, más bien por inercia. Nunca supo por qué lo dejé, pero de algún modo entendió y casi que ni pidió explicaciones, a veces al amor simplemente se termina, le dije.

Mi obsesión con el tema de los sueños, en cambio, continuó, hasta más fuerte que antes. Esa fue la etapa en que empecé a relatárselos a otra gente. Supongo que él habra empezado a hacer lo mismo, no sé. Lo cierto es que de a poco fui notando que coincidir en sueños no es tan extraño como al principio me había parecido, tan exclusivo. Y también me di cuenta que no tiene nada que ver con el amor. De hecho, creo que quizá todos los sueños del mundo están conectados de alguna manera. Todos los sueños son Iguales, Paralelos, Juntos o Alternados con alguien, no hay nada extraordinario en eso, lo verdaderamente especial sucede si el azar nos junta con esa persona durante la vigilia. Cuando dormimos nos conectamos a un plano diferente y compartido. Y además, creo que a todos nos pasa, solo que no nos damos cuenta.

Así fue que un día fui Laura el día que soñó que su marido iba a caer preso, cosa que como sabrás, finalmente sucedió. Otra vez fuimos, junto con un compañero de oficina, uno de los uruguayos que se quedaron en los Andes, esos que se comieron los cadáveres de los compañeros muertos, aunque yo no pude comerme nada. Tengo la sensación que fui también el colectivero del 42, ese que me tira onda a la mañana, pero imposible saberlo. De ser así, esta re caliente conmigo, eso sí.

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